de Armando Alonso Piñeiro. Buenos Aires, Editorial Dunken, 2006.
La Editorial Dunken emprende en esta oportunidad la difusión de un excelente trabajo, producto de la labor de más de 40 años de investigación de este renombrado historiador argentino, Armando Alonso Piñeiro, con una extensa bibliografía en su haber, galardonado con 140 distinciones de los cuatro continentes, en sus 80 viajes se ha interiorizado en los archivos históricos de Washington, Nueva York, Londres, Bonn, Estocolmo, Madrid, Sevilla, Cartagena de Indias, el Vaticano, entre otros sitios.
Evidentemente en la literatura histórica y religiosa nunca se ha publicado un libro semejante, que presenta una visión totalmente diferente a la conocida durante dos mil años sobre Poncio Pilato. Además aporta al lector una visión de la historia del cristianismo que redescubre, de manera novedosa, al gobernador de Judea y representante del César.
El autor hace ya más de medio siglo comenzó la publicación de libros donde la idea de Dios y la personalidad de Jesús fueron parte de sus primordiales inquietudes intelectuales. Además de Jesucristo, el personaje que siempre despertó su peculiar curiosidad fue Poncio Pilato, cuya presunta culpabilidad en la muerte de Jesús queda como incomprensible ante el hecho de que haya sido canonizado por dos iglesias cristianas : la ortodoxa y la etíope.
Para la realización de esta producción el autor se ha mantenido rigurosamente fiel a la documentación histórica así como también a las fuentes canónicas y los llamados evangelios apócrifos. Su profesión de fe católica no resulta irreconciliable con el razonamiento del historiador, y tal vez esta es la idea más atractiva del libro, que mantiene al lector atento y activo hasta el final de su lectura.
Durante el desarrollo, Armando Alonso Piñeiro trata de adentrarse en la psicología de este personaje histórico controvertido, despliega una descripción muy diferente del malvado al que estamos acostumbrados en la emblemática cinematográfica estadounidense (siempre vemos como el bueno es valiente, y el malvado es cobarde), y aporta la visión del cono de sombra: un hombre débil, deseoso –en algún sentido– de hacer el bien, accesible a las ideas de justicia, pero extremadamente temeroso con la posibilidad de una denuncia ante las autoridades Romanas.
Quedan expuestas las cualidades del lado del bien: hacer el bien implica, casi siempre, mucho más esfuerzo que hacer el mal, y de esto mismo resulta ser un ejemplo clarísimo este personaje histórico.
Las confusiones, tribulación, remordimiento, estremecimiento y posterior comprensión de los hechos son expresadas en sus memorias, expone los sentimientos y pensamientos trasluciendo la verdadera dimensión de su tragedia personal y acentuando su falta de responsabilidad en la crucifixión de Cristo, aduciendo las presiones de muchos sectores. El autor nos recuerda que los hebreos no tenían la facultad de ordenar ejecuciones, y que la tarea recaía totalmente sobre su persona y -a pesar de sus reiteradas solicitudes de piedad al pueblo-, éste mismo pidió insistentemente la pena de muerte. Una copia textual de la sentencia dada por Poncio Pilato es presentada por el autor, y nos muestra la desesperada autodefensa confesada sobre lo sucedido y los verdaderos sentimientos de este hombre al fin y al cabo débil y atribulado.
El autor elige acertadamente la narración en primera persona con el extremo cuidado en la utilización de las fuentes y la autenticidad del trasfondo histórico de ese momento. Acorde a su rigurosidad científica, presenta también un prolijo recuento documental y una clara explicación del plano geográfico y político de la época. Aparecen las cartas al Emperador Tiberio descubiertas siglos después, así como también el autor se sirve de fuentes evangélicas y documentos imperiales.
Los capítulos de este apasionante libro nos muestran a Poncio Pilato (nacido Pontius Pilatos) desde su infancia, sus encuentros con Jesús, con Juan el Bautista, y también recoge anécdotas, costumbres y episodios de la infancia y vida cotidiana del propio Jesús. Sus constantes referencias a Jesús, la descripción de su personalidad, su predicación y su obra hacen que el lector redefina aún más su adoración y amor hacia el hijo de Dios en la Tierra, incluso desde sus actitudes más humanas:“La luz que rodeaba a Jesús parecía redoblar el furor de sus ciegos enemigos.”
La última parte de este volumen es el resultado de más de cuarenta años de estudio del autor sobre investigaciones científicas realizadas en el descubrimiento del misterioso sudario que envolvió a Jesús al ser bajado de la Cruz, pudiendo reunir una selección considerable de antecedentes históricos, científicos y religiosos sobre la preciosa reliquia. Asimismo, se explican los resultados de los análisis científicos desde 1898, cuando fue fotografiada por vez primera, que acuerdan con precisiones médicas, químicas, biológicas, y anatómicas lo cual representa un apasionante desafío para la crítica historiográfica y científica.
Multitudes de pruebas que intentan revelar la naturaleza de la figura tridimensional grabada en el tejido que fue impresa por “un estallido de milisegundos de energía radiante emanada del cuerpo que se produjo en el preciso momento de la resurrección” explicación que invita a comprender la capacidad de derribar la enorme y pesada piedra que cerraba el sepulcro. Estas como tantas de las fascinantes teorías siempre convergen en el examen especializado de la Santa Síndole (Es un término que se utiliza para referirse a la Santa Sábana que cubrió a Cristo después de su muerte y donde curiosamente queda plasmada la imagen de él hasta la actualidad.)
El autor también se ocupa de cada uno de los detalles del drama cristiano, más precisamente en la figura de José, uno de los personajes para él más interesantes. Este hombre culto, rico perteneciente al tribunal de Sanedrín (el Sanedrín es el consejo general judío que finalmente condenó a Jesús) se presentó ante Pilato pidiéndole el cuerpo de Jesús para bajarlo a cuestas, envolverlo en la sábana y colocarlo en el sepulcro, confesando en sus actos el heroísmo de ser partidario del crucificado mientras los apóstoles y amigos del Señor se encontraban desalentados y fugitivos.
Aparecen también lo aportes científicos y médicos de las verdaderas causas físicas de la muerte y del sudor de sangre de Jesús en el monte Getsemaní, demostrando la pasión de este historiador por el conocimiento de la verdad y la realidad científica de los hechos.
En estos momentos de tribulaciones, desaliento, confusiones, incertidumbres en la humanidad, esta obra nos permite revivir los momentos cruciales que nos introdujeron en la gran comunidad cristiana, confirmar nuestra fe incluso invitando a emprender este gran desafío a aquellos que necesitan ver para creer.
AGUIJONES DE LA CULTURA
Sitio de Ovillos y Textualidad de una monstruosa rumiante (también la araña que teje su red)
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martes, 27 de julio de 2010
Breve Historia de la Mentira. De Ulises a Pinocho.
de María Bettetini. Cátedra, Colección Teorema, Madrid, 2002.
Las principales virtudes de este inquietante libro de Maria Bettetini –doctorada en Filosofía en la Universidad de Oxford y en la de Mónaco, profesora e investigadora de la universidad Ca´Foscari de Venecia– son su brevedad y la falta de rigidez en su enfoque, además de ofrecer una amplia variedad de argumentos para definir la mentira e invitarnos a reflexionar sobre la temática de la verdad –quién no ha dicho ni ha recibido una mentira o no ha leído una, queda claro–.
Bettetini posee la lucidez de no partir de la óptica tradicional gnoseológica, sino de cierta puesta en conciencia de la vida real, alejándonos de las densas abstracciones de la lógica.
Ya en el Prefacio nos dice que la mentira "es una figura que acompaña todos los aspectos de la vida social (ya que para mentir hay que ser por lo menos dos)". Para aproximarse a una clasificación, Bettetini se asentará en la provincia de la ética, al establecer que "la mentira aparece como un acto de la voluntad de un sujeto libre". De ahí en más, tomará en consideración los escritos de distintos filósofos, historiadores, "los comediógrafos, los poetas, los psicólogos y los mentirosos de toda laya", para dejar constancia de su recorrido y abundar en los contextos que posibilitan la existencia de la simulación, el perjurio, las mentiras piadosas de médicos y abogados, los embustes de la prensa y de la ciencia -dada su relación con el poder- y, yendo más allá, la mentira subyacente a todo uso del lenguaje que, en sí mismo, es una representación.
Los ejemplos son claros y sintéticos -el libro apenas sobrepasa el centenar de páginas-, lo mismo que el desmenuzamiento del contexto en que se originan. Como muestra valga lo referente a Ulises en el capítulo "Elogio de la mentira", en el que, tras ofrecer diversos documentos que mencionan al griego como un pueblo donde predomina la mentira, la autora nos dice que "si Homero critica teóricamente la mentira en la Ilíada, presenta en la Odisea a un héroe embustero, alabado a causa de su habilidad en el mentir por la propia Atenea", lo que se fundaría en el uso meramente lúdico de las palabras por parte de una civilización a la que le importaban los signos.
Por eso, "Ulises será reconocido por una cicatriz, un arco, un lecho esculpido en el olivo alrededor del cual había construido su casa, nunca por sus palabras, casi siempre mentirosas, a veces exageradamente."
Tras revisar la concepción del hombre y del lenguaje que sostiene Nietzsche, Bettetini dice que el hombre recupera la vituperada centralidad del universo cuando acepta dejarse engañar pero elige el engaño justo; no esos residuos de metáfora que llaman "verdad", sino los sueños, el mito, el arte, que saben engañar y al mismo tiempo, en palabras del filósofo, "regalar una iluminación, una serenidad y una rendición que fluyen sin cesar". En este contexto, Ulises fue astuto cuando logró engañar incluso a los dioses, pero más lo fueron los que creyeron en los relatos de Homero, en las peripecias del hijo de Laertes y en la existencia de dioses que, como se dijo que afirmaba Tales, el primer filósofo conocido, "están en todas partes."
En el capítulo que alude a La mentira prohibida -"aquella que no debe ser dicha"-, la autora se ocupa -entre otros personajes- de Pinocho, la creación de Collodi, un muñeco que no quería obedecer, no quería crecer y que tenía una nariz que crecía con cada mentira. Tras analizar la índole de sus mentiras y considerar que Pinocho no es un "mentiroso redomado", sino un niño que hace todas las trastadas previsibles, entre ellas decir alguna mentira, Bettetini considera como más grave "la culpa del muñeco cuando traiciona la confianza de Gepetto, al dejarlo recorrer el mundo en su búsqueda hasta el azaroso encuentro en el vientre de una bíblica ballena.
Pero no es eso lo que espanta a los padres y a las madres, propensos a recomendar: «No digas mentiras, que si no te crecerá la nariz como a Pinocho.»
Como puede apreciarse, el lenguaje utilizado por la autora es llano y didáctico, sin resultar por ello de ningún modo esquemático, lo que constituye otro mérito de este libro iluminador y profundamente entretenido.
Las principales virtudes de este inquietante libro de Maria Bettetini –doctorada en Filosofía en la Universidad de Oxford y en la de Mónaco, profesora e investigadora de la universidad Ca´Foscari de Venecia– son su brevedad y la falta de rigidez en su enfoque, además de ofrecer una amplia variedad de argumentos para definir la mentira e invitarnos a reflexionar sobre la temática de la verdad –quién no ha dicho ni ha recibido una mentira o no ha leído una, queda claro–.
Bettetini posee la lucidez de no partir de la óptica tradicional gnoseológica, sino de cierta puesta en conciencia de la vida real, alejándonos de las densas abstracciones de la lógica.
Ya en el Prefacio nos dice que la mentira "es una figura que acompaña todos los aspectos de la vida social (ya que para mentir hay que ser por lo menos dos)". Para aproximarse a una clasificación, Bettetini se asentará en la provincia de la ética, al establecer que "la mentira aparece como un acto de la voluntad de un sujeto libre". De ahí en más, tomará en consideración los escritos de distintos filósofos, historiadores, "los comediógrafos, los poetas, los psicólogos y los mentirosos de toda laya", para dejar constancia de su recorrido y abundar en los contextos que posibilitan la existencia de la simulación, el perjurio, las mentiras piadosas de médicos y abogados, los embustes de la prensa y de la ciencia -dada su relación con el poder- y, yendo más allá, la mentira subyacente a todo uso del lenguaje que, en sí mismo, es una representación.
Los ejemplos son claros y sintéticos -el libro apenas sobrepasa el centenar de páginas-, lo mismo que el desmenuzamiento del contexto en que se originan. Como muestra valga lo referente a Ulises en el capítulo "Elogio de la mentira", en el que, tras ofrecer diversos documentos que mencionan al griego como un pueblo donde predomina la mentira, la autora nos dice que "si Homero critica teóricamente la mentira en la Ilíada, presenta en la Odisea a un héroe embustero, alabado a causa de su habilidad en el mentir por la propia Atenea", lo que se fundaría en el uso meramente lúdico de las palabras por parte de una civilización a la que le importaban los signos.
Por eso, "Ulises será reconocido por una cicatriz, un arco, un lecho esculpido en el olivo alrededor del cual había construido su casa, nunca por sus palabras, casi siempre mentirosas, a veces exageradamente."
Tras revisar la concepción del hombre y del lenguaje que sostiene Nietzsche, Bettetini dice que el hombre recupera la vituperada centralidad del universo cuando acepta dejarse engañar pero elige el engaño justo; no esos residuos de metáfora que llaman "verdad", sino los sueños, el mito, el arte, que saben engañar y al mismo tiempo, en palabras del filósofo, "regalar una iluminación, una serenidad y una rendición que fluyen sin cesar". En este contexto, Ulises fue astuto cuando logró engañar incluso a los dioses, pero más lo fueron los que creyeron en los relatos de Homero, en las peripecias del hijo de Laertes y en la existencia de dioses que, como se dijo que afirmaba Tales, el primer filósofo conocido, "están en todas partes."
En el capítulo que alude a La mentira prohibida -"aquella que no debe ser dicha"-, la autora se ocupa -entre otros personajes- de Pinocho, la creación de Collodi, un muñeco que no quería obedecer, no quería crecer y que tenía una nariz que crecía con cada mentira. Tras analizar la índole de sus mentiras y considerar que Pinocho no es un "mentiroso redomado", sino un niño que hace todas las trastadas previsibles, entre ellas decir alguna mentira, Bettetini considera como más grave "la culpa del muñeco cuando traiciona la confianza de Gepetto, al dejarlo recorrer el mundo en su búsqueda hasta el azaroso encuentro en el vientre de una bíblica ballena.
Pero no es eso lo que espanta a los padres y a las madres, propensos a recomendar: «No digas mentiras, que si no te crecerá la nariz como a Pinocho.»
Como puede apreciarse, el lenguaje utilizado por la autora es llano y didáctico, sin resultar por ello de ningún modo esquemático, lo que constituye otro mérito de este libro iluminador y profundamente entretenido.
Qué hay de nuevo, viejo!
TERRY EAGLETON
LAS ILUSIONES DEL POSMODERNISMO
Buenos Aires, Paidós, Espacios del Saber, 2004.
Terry Eagleton es uno de los más distinguidos críticos literarios y filósofos nacido en Inglaterra, en 1943. A los 21 años obtuvo su grado doctoral en el Trinity College, de Cambridge. Actualmente es profesor de Teoría Cultural en la Universidad de Oxford, tras haber pasado varios años enseñando e investigando para la Universidad de Manchester.
Eagleton tuvo como mentor al célebre crítico literario Raymond Williams, autor de Marxismo y Literatura, texto que todos recordaremos y que ha sido fundacional en muchos aspectos. Eagleton comenzó su carrera estudiando la literatura de los siglos XIX y XX en la línea de Williams, es decir, a través del tamiz de la teoría literaria marxista.
En este libro en especial, Terry Eagleton trata de desbrozar la paja del trigo en la pantanosa cuestión de lo que se ha llamado posmodernismo, reconociendo algunos aciertos de sus teóricos pero, mayormente, desde una perspectiva negativa de su objeto de estudio.
Desde un comienzo afirma que el término posmodernidad "alude a un período histórico específico", polemizando con aquellos que hablan del un fin de la historia. Habría para esto efectivas razones materiales: el surgimiento de un cambio histórico en Occidente hacia una nueva forma de capitalismo, "hacia el efímero, descentralizado mundo de la tecnología, el consumismo y la industria cultural, en el cual las industrias de servicios, finanzas e información triunfan sobre las manufacturas tradicionales, y las políticas clásicas basadas en las clases ceden su lugar a una difusa serie de ‘políticas de identidad´ ” (pág. 11 y 12).
La posmodernidad, entonces, sería un estilo de pensamiento que desconfía de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o de emancipación, de las estructuras aisladas, de los grandes relatos y de los sistemas definitivos de explicación.
En consecuencia, el posmodernismo se transforma en un destino cultural que refleja, con un estilo propio, algo de ese cambio de época en un arte sin profundidad, descentrado, sin fundamentos, autorreflexivo, juguetón, derivado, ecléctico, pluralista que rompe las fronteras entre cultura "alta" y cultura "popular" tanto como entre el arte y la experiencia cotidiana.
Por lo tanto, Eagleton hablará de "posmodernismo" para ocuparse de ambos conceptos, ya que los considera relacionados. Y deja en claro que lo suyo será un libro de ideas más que de análisis de obras de arte individuales. Se interesará más por la sensibilidad posmodernista como totalidad que por las ya consabidas formulaciones de la filosofía posmoderna. Acusará al posmodernismo de "tirotear" o caricaturizar las posiciones de sus oponentes, aunque reconoce que la perspectiva socialista desde la que mira pueda hallarse un poco debilitada: "parte del poder del posmodernismo es el hecho de que existe, mientras que considerar que existe el socialismo es más discutible...” (pág. 13).
En el capítulo dedicado a las ambivalencias del posmodernismo no deja de hacer notar que –pese a que todo hable en él de diferencia, pluralidad, heterogeneidad- la teoría posmoderna opera habitualmente con rígidas oposiciones binarias, con "diferencia", "pluralidad" y otros términos semejantes alineados orgullosamente en una parte de la cerca teórica como inequívocamente positivos, y cualesquiera que sean sus antítesis (unidad, identidad, totalidad, universalidad) como negativas (pág. 50).
Profundizando en la cuestión del fin de la historia, Eagleton sostiene que el posmodernismo no rechaza la historia sino la Historia –la idea de que existe una entidad llamada Historia poseída de un sentido inmanente y un propósito que se desarrolla secretamente a nuestro alrededor mientras hablamos. "Entonces hay algo paradójico en decretar el final de esta entidad, dado que al hacerlo se abraza la misma lógica que se rechaza".. (pág. 56).
En el muy breve capítulo dedicado a las contradicciones del posmodernismo, Eagleton discute la idea del pensamiento posmoderno del fin-de-la historia que nos augura un futuro no muy diferente al presente. "Pero hay un futuro posible entre otros, y su nombre es fascismo." (Pág. 198)... Y ve que la gran prueba política del posmodernismo radica en cómo zafar de esto, ya que su relativismo moral y su convencionalismo moral, su escepticismo, pragmatismo y localismo, su disgusto por las ideas de solidaridad y organización disciplinada, su falta de una teoría adecuada de la participación política pesan fuertemente contra él. Y pueden llegar a pesar mucho más que todo el cuerpo de obras que ha dado a luz sobre racismo y etniticidad, sobre la paranoia del pensamiento idéntico, sobre los peligros del totalitarismo y el temor a la otredad; todo esto muy valorable, al igual que sus profundizaciones sobre las maniobras del poder.
Como se desprende de todo lo que hemos dicho, Las Ilusiones del posmodernismo es un libro de lectura un tanto exigente, es un gran libro, que demanda del lector un cierto capital simbólico, pero que es absolutamente necesario para el debate de aquellos más curiosos y de todo estudiante e intelectual que desee estar al tanto de las posturas del pensamiento contemporáneo.
LAS ILUSIONES DEL POSMODERNISMO
Buenos Aires, Paidós, Espacios del Saber, 2004.
Terry Eagleton es uno de los más distinguidos críticos literarios y filósofos nacido en Inglaterra, en 1943. A los 21 años obtuvo su grado doctoral en el Trinity College, de Cambridge. Actualmente es profesor de Teoría Cultural en la Universidad de Oxford, tras haber pasado varios años enseñando e investigando para la Universidad de Manchester.
Eagleton tuvo como mentor al célebre crítico literario Raymond Williams, autor de Marxismo y Literatura, texto que todos recordaremos y que ha sido fundacional en muchos aspectos. Eagleton comenzó su carrera estudiando la literatura de los siglos XIX y XX en la línea de Williams, es decir, a través del tamiz de la teoría literaria marxista.
En este libro en especial, Terry Eagleton trata de desbrozar la paja del trigo en la pantanosa cuestión de lo que se ha llamado posmodernismo, reconociendo algunos aciertos de sus teóricos pero, mayormente, desde una perspectiva negativa de su objeto de estudio.
Desde un comienzo afirma que el término posmodernidad "alude a un período histórico específico", polemizando con aquellos que hablan del un fin de la historia. Habría para esto efectivas razones materiales: el surgimiento de un cambio histórico en Occidente hacia una nueva forma de capitalismo, "hacia el efímero, descentralizado mundo de la tecnología, el consumismo y la industria cultural, en el cual las industrias de servicios, finanzas e información triunfan sobre las manufacturas tradicionales, y las políticas clásicas basadas en las clases ceden su lugar a una difusa serie de ‘políticas de identidad´ ” (pág. 11 y 12).
La posmodernidad, entonces, sería un estilo de pensamiento que desconfía de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o de emancipación, de las estructuras aisladas, de los grandes relatos y de los sistemas definitivos de explicación.
En consecuencia, el posmodernismo se transforma en un destino cultural que refleja, con un estilo propio, algo de ese cambio de época en un arte sin profundidad, descentrado, sin fundamentos, autorreflexivo, juguetón, derivado, ecléctico, pluralista que rompe las fronteras entre cultura "alta" y cultura "popular" tanto como entre el arte y la experiencia cotidiana.
Por lo tanto, Eagleton hablará de "posmodernismo" para ocuparse de ambos conceptos, ya que los considera relacionados. Y deja en claro que lo suyo será un libro de ideas más que de análisis de obras de arte individuales. Se interesará más por la sensibilidad posmodernista como totalidad que por las ya consabidas formulaciones de la filosofía posmoderna. Acusará al posmodernismo de "tirotear" o caricaturizar las posiciones de sus oponentes, aunque reconoce que la perspectiva socialista desde la que mira pueda hallarse un poco debilitada: "parte del poder del posmodernismo es el hecho de que existe, mientras que considerar que existe el socialismo es más discutible...” (pág. 13).
En el capítulo dedicado a las ambivalencias del posmodernismo no deja de hacer notar que –pese a que todo hable en él de diferencia, pluralidad, heterogeneidad- la teoría posmoderna opera habitualmente con rígidas oposiciones binarias, con "diferencia", "pluralidad" y otros términos semejantes alineados orgullosamente en una parte de la cerca teórica como inequívocamente positivos, y cualesquiera que sean sus antítesis (unidad, identidad, totalidad, universalidad) como negativas (pág. 50).
Profundizando en la cuestión del fin de la historia, Eagleton sostiene que el posmodernismo no rechaza la historia sino la Historia –la idea de que existe una entidad llamada Historia poseída de un sentido inmanente y un propósito que se desarrolla secretamente a nuestro alrededor mientras hablamos. "Entonces hay algo paradójico en decretar el final de esta entidad, dado que al hacerlo se abraza la misma lógica que se rechaza".. (pág. 56).
En el muy breve capítulo dedicado a las contradicciones del posmodernismo, Eagleton discute la idea del pensamiento posmoderno del fin-de-la historia que nos augura un futuro no muy diferente al presente. "Pero hay un futuro posible entre otros, y su nombre es fascismo." (Pág. 198)... Y ve que la gran prueba política del posmodernismo radica en cómo zafar de esto, ya que su relativismo moral y su convencionalismo moral, su escepticismo, pragmatismo y localismo, su disgusto por las ideas de solidaridad y organización disciplinada, su falta de una teoría adecuada de la participación política pesan fuertemente contra él. Y pueden llegar a pesar mucho más que todo el cuerpo de obras que ha dado a luz sobre racismo y etniticidad, sobre la paranoia del pensamiento idéntico, sobre los peligros del totalitarismo y el temor a la otredad; todo esto muy valorable, al igual que sus profundizaciones sobre las maniobras del poder.
Como se desprende de todo lo que hemos dicho, Las Ilusiones del posmodernismo es un libro de lectura un tanto exigente, es un gran libro, que demanda del lector un cierto capital simbólico, pero que es absolutamente necesario para el debate de aquellos más curiosos y de todo estudiante e intelectual que desee estar al tanto de las posturas del pensamiento contemporáneo.
viernes, 23 de julio de 2010
Paolo Virno, siempre recomendable...
"Gramática de la Multitud", de Paolo Virno.
Para un análisis de las Formas de Vida Contemporánea.
Buenos Aires, Colección Puñaladas, Dirigida por Horacio González – Editorial Colihue, 2003.
“Multitud es sólo la otra cara del éxodo: son los hombres y las mujeres que no quieren conquistar el poder, sino que en todo caso lo quieren extinguir...”
Marcado esencialmente por la revolución ideológico-intelectual y la insurrección juvenil de 1968, Paolo Virno realmente despliega un desarrollo teórico y político de la noción de multitud que hace de este pensador napolitano, de 50 años, que habita cerca de Piazza dei Fiori en una de las más bellas zonas de Roma, sea un extraordinario y creativo pensador político y uno de los más interesantes escritores vivos de la actualidad.
La nueva terminología política que propone Virno, con palabras como Desobediencia, Intemperancia, Ejemplo, Resistencia, Éxodo o Milagro... etc. y fundamentalmente el concepto de multitud son conceptos que arriesga Virno porque es un autor profundamente contemporáneo, y porque pertenecen estas palabras a nuestra actualidad y a las nuevas prácticas políticas que responden a transformaciones inminentes o al porvenir, puesto que su utilidad histórica depende la desaparición de la forma política “pueblo”, y por ende Estado, o definido más aproximadamente “desplazar el monopolio de la decisión política de unas élites a otros sitios”.
La multitud ya no aparece como el equivalente de la guerra civil, de lo disperso, sino básicamente es una pluralidad “gramatical”, y esto es fundamental: la razón lingüística en común, y allí Paolo Virno se entronca en la tradición gramsciana de semiosis social y de lengua local.
“La Multitud es una forma de ser; y por la expresión foma de ser entiendo algo fundamental, básico, de relación con el mundo, con los otros, con la vida. Hoy es la multitud -y ya no el pueblo- lo que caracteriza todos los hábitos y mentalidades de la vida social: las modalidades de trabajo, los juegos de lenguaje, las pasiones y los afectos, las formas de concebir la acción colectiva [...] el pueblo converge en una voluntad general, es el reflejo del Estado. Por el contrario, la multitud es plural, huye de la unidad política, no firma pactos con el soberano, no porque no le delegue derechos, sino porque es reacia a la obediencia...”.
Por lo tanto, leemos el concepto de multitud, tal como lo entiende Virno de factura reciente, y que posee sin embargo, alargando y flexibilizando su concepto, antecedentes remotos que podrían llegar hasta Spinoza y Hobbes (su enemigo declarado), así como también Umberto Eco y su Obra Abierta o el enorme pensador L. Wittgenstein.
El concepto de “multitud” es en definitiva un fruto maduro de la teoría política de la Modernidad Occidental, casi una de las conclusiones inevitables de una secular discusión en torno a la validez semántica y cognoscitiva del texto social, de las voces, del dialogismo, la polifonía, y los discursos acallados por la Historia oficial.
La gran efectividad pragmática del relato implicado en la “multitud” reside además, y esto es central, en las condiciones de posibilidad de una teoría nueva del sujeto en el seno de un potencial teoría unificada de lo social en clave discursiva.
“Las luchas de liberación de la multitud comenzarán por esta sensibilidad por lo posible, o sea, por las distintas oportunidades”. La multitud es un concepto que no esconde los problema sino que propone enfrentarlos, confrontarlos con otros, y sacar provecho de costumbres prácticas que parecemos haber olvidados los sujetos contemporáneos.
Multitud implica multiplicidad no sólo de gentes sino de sentidos, la no univocidad de ningún sentido; no es inmanencia, no es inevitabilidad. Se trata de un concepto de comunicación, de recepción entre individuos, de aceptación de la alteridad y la diferencia, de heterogeneidad y asimetrías.
Es en este contexto teórico, asumiendo estas premisas que propone Virno, nos enfrentamos a un excelente libro de política pero también de semiótica, a un libro de historia pero también de sociología, que se elabora desde las primeras, tímidas líneas hasta desarrollarse como uno de los más sólidos fundamentos teóricos de deconstrucción contemporánea en cuanto al problema social.
“La multitud es también un conjunto de memorias y un gusto sensual por los lugares, por las historias que estos lugares nos cuentan”. Multitud entonces no es desarraigo, es éxodo pero no desarraigo, es pensar que el bailarín no comienza sus pasos cuando la música empieza a sonar, sino que el bailarín lleva, de antemano, la música dentro.
Esta nueva forma de existencia política que Virno verifica, antropológicamente si se quiere, incorpora al sujeto la suficiente potencia como para continuar en su lucha y para además conservar los buenos recuerdos de las aspiraciones de su nación. Su capacidad de actualizar el pasado, como diría Walter Benjamin, vinculan a este sujeto al presente y lo hacen vivificarse en ese encuentro.
* * *
Para un análisis de las Formas de Vida Contemporánea.
Buenos Aires, Colección Puñaladas, Dirigida por Horacio González – Editorial Colihue, 2003.
“Multitud es sólo la otra cara del éxodo: son los hombres y las mujeres que no quieren conquistar el poder, sino que en todo caso lo quieren extinguir...”
Marcado esencialmente por la revolución ideológico-intelectual y la insurrección juvenil de 1968, Paolo Virno realmente despliega un desarrollo teórico y político de la noción de multitud que hace de este pensador napolitano, de 50 años, que habita cerca de Piazza dei Fiori en una de las más bellas zonas de Roma, sea un extraordinario y creativo pensador político y uno de los más interesantes escritores vivos de la actualidad.
La nueva terminología política que propone Virno, con palabras como Desobediencia, Intemperancia, Ejemplo, Resistencia, Éxodo o Milagro... etc. y fundamentalmente el concepto de multitud son conceptos que arriesga Virno porque es un autor profundamente contemporáneo, y porque pertenecen estas palabras a nuestra actualidad y a las nuevas prácticas políticas que responden a transformaciones inminentes o al porvenir, puesto que su utilidad histórica depende la desaparición de la forma política “pueblo”, y por ende Estado, o definido más aproximadamente “desplazar el monopolio de la decisión política de unas élites a otros sitios”.
La multitud ya no aparece como el equivalente de la guerra civil, de lo disperso, sino básicamente es una pluralidad “gramatical”, y esto es fundamental: la razón lingüística en común, y allí Paolo Virno se entronca en la tradición gramsciana de semiosis social y de lengua local.
“La Multitud es una forma de ser; y por la expresión foma de ser entiendo algo fundamental, básico, de relación con el mundo, con los otros, con la vida. Hoy es la multitud -y ya no el pueblo- lo que caracteriza todos los hábitos y mentalidades de la vida social: las modalidades de trabajo, los juegos de lenguaje, las pasiones y los afectos, las formas de concebir la acción colectiva [...] el pueblo converge en una voluntad general, es el reflejo del Estado. Por el contrario, la multitud es plural, huye de la unidad política, no firma pactos con el soberano, no porque no le delegue derechos, sino porque es reacia a la obediencia...”.
Por lo tanto, leemos el concepto de multitud, tal como lo entiende Virno de factura reciente, y que posee sin embargo, alargando y flexibilizando su concepto, antecedentes remotos que podrían llegar hasta Spinoza y Hobbes (su enemigo declarado), así como también Umberto Eco y su Obra Abierta o el enorme pensador L. Wittgenstein.
El concepto de “multitud” es en definitiva un fruto maduro de la teoría política de la Modernidad Occidental, casi una de las conclusiones inevitables de una secular discusión en torno a la validez semántica y cognoscitiva del texto social, de las voces, del dialogismo, la polifonía, y los discursos acallados por la Historia oficial.
La gran efectividad pragmática del relato implicado en la “multitud” reside además, y esto es central, en las condiciones de posibilidad de una teoría nueva del sujeto en el seno de un potencial teoría unificada de lo social en clave discursiva.
“Las luchas de liberación de la multitud comenzarán por esta sensibilidad por lo posible, o sea, por las distintas oportunidades”. La multitud es un concepto que no esconde los problema sino que propone enfrentarlos, confrontarlos con otros, y sacar provecho de costumbres prácticas que parecemos haber olvidados los sujetos contemporáneos.
Multitud implica multiplicidad no sólo de gentes sino de sentidos, la no univocidad de ningún sentido; no es inmanencia, no es inevitabilidad. Se trata de un concepto de comunicación, de recepción entre individuos, de aceptación de la alteridad y la diferencia, de heterogeneidad y asimetrías.
Es en este contexto teórico, asumiendo estas premisas que propone Virno, nos enfrentamos a un excelente libro de política pero también de semiótica, a un libro de historia pero también de sociología, que se elabora desde las primeras, tímidas líneas hasta desarrollarse como uno de los más sólidos fundamentos teóricos de deconstrucción contemporánea en cuanto al problema social.
“La multitud es también un conjunto de memorias y un gusto sensual por los lugares, por las historias que estos lugares nos cuentan”. Multitud entonces no es desarraigo, es éxodo pero no desarraigo, es pensar que el bailarín no comienza sus pasos cuando la música empieza a sonar, sino que el bailarín lleva, de antemano, la música dentro.
Esta nueva forma de existencia política que Virno verifica, antropológicamente si se quiere, incorpora al sujeto la suficiente potencia como para continuar en su lucha y para además conservar los buenos recuerdos de las aspiraciones de su nación. Su capacidad de actualizar el pasado, como diría Walter Benjamin, vinculan a este sujeto al presente y lo hacen vivificarse en ese encuentro.
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Rareza
"El lugar Teológico de las mujeres. Un Punto de Partida".
Autores varios, compilación de Virginia Azcuy
El lugar teológico de las mujeres es una compilación que brinda un amplio panorama sobre una cuestión que parecería paradójica en sus propios términos: teología y feminismo. Tal cuestión es detalladamente abordada en el ensayo introductorio que lleva el título de la obra, escrito con eficaz economía de medios y recursos por Virginia Raquel Azcuy.
El ensayo es un relevamiento del estado de las cosas y, a la vez, un programa de tareas a realizar en base a ubicar a las mujeres como lugar teológico, un "lugar" en diálogo con la experiencia latinoamericana (en la zona de la teología de la liberación, aunque no como fuente, sino como lugar desde el que se interpreta), desde la recuperación de la experiencia de las mujeres, y en especial, desde una "memoria narrativa en solidaridad." También el ensayo releva la cuestión del lugar teológico de las mujeres, es decir, el significado y el desafío de la "Iglesia de las mujeres" para las iglesias particulares. Un buen ejemplo de todo ello es dado por el texto mismo, dejémoslo hablar en sus propios términos:
"¿Qué decir de todo esto? Parece evidente que después de un largo proceso de "invisibilidad" de las mujeres en la historia, la recuperación de sus experiencias y sus voces es impostergable. También es cierto que la "irrupción" de las mujeres en las realidades seculares y en los ámbitos eclesiales, como emergencia de una nueva conciencia, constituye como fenómeno global "un nuevo lugar hermenéutico." Si se tiene en cuenta que el silencio y la ausencia de las mujeres tienen causas históricas e ideológicas, se puede comprender que la mayoría de las teologías hechas por mujeres, sobre todo las que emplean una hermenéutica feminista, tengan un talante "crítico" y empleen como instrumental las "teorías de género." Esto no quiere decir, naturalmente, que toda mujer que hace teología deba ser feminista, pero creo que estamos llamadas a conocer los movimientos históricos de las mujeres, con sus gestos de protesta y solidaridad, y a comprometernos con el destino sufriente de las mujeres desde una teología que, sin dejar de ser inclusiva, sea a la vez profética y liberadora." (pág. 21)
Para Azcuy, un ejemplo de biografía teológica de dos mujeres estaría dada por la escena bíblica del Magnificat (el primer canto de alabanza de la era cristiana, recitado por la Virgen María al visitar a su prima Isabel), lo que también sería un ejemplo de “memoria narrativa solidaria”. Memoria agradecida por las grandes cosas hechas por Dios, narración profética que anuncia la victoria de los humildes y de las mujeres silenciadas y olvidadas, solidaridad femenina inauguradora de un nuevo espacio teológico, inclusivo también de “ellos.” En palabras de Azcuy:
“La teología mariana es la “irrupción” sencilla y la “visibilidad” consoladora que despierta el gozo de las mujeres: palabra, experiencia, biografía, oración. María e Isabel encontrándose, son el rostro de la mutualidad y el canto de la vida que se gesta en las entrañas. Ellas son, junto a muchas otras, “amigas de Dios y profetas”, sabias compañeras de camino.”
Si de tal riqueza e innovación es la propuesta de Azcuy –de la que sólo hemos dado un pálido reflejo- cabe imaginar que la sucesión de ensayos que nos esperan tras su introducción la ilustran de diversa manera y con colores variados. El estudio de Mercedes García Bachman nos informa sobre cómo el análisis de género ha influenciado las ciencias bíblicas, con ejemplos prácticos sobre pasajes bíblicos y utilizando el instrumental de otras disciplinas como la retórica literaria, las ciencias sociales y la hermenéutica. Una revisión del modo de interpretar y hablar sobre María es lo que ofrece “Reencontrar a María como modelo. Interpelación feminista a la mariología actual”, de Virginia Raquel Azcuy, donde se recupera a María como “amiga de Dios y profeta”, a modo de paradigma eclesiológico inclusivo. Por su parte, Lucio Florio en “Hacia una biografía de lo femenino. “El pensamiento de Julián Marías sobre la mujer” analiza detalladamente los aspectos atractivos que surgen de la reflexión del autor español para una teología de lo femenino que no eludan la cuestión del “humanismo femenino.”
Como puede observarse, esta publicación –un número de la publicación Proyecto, del Centro de Estudios Salesiano de Buenos Aires– con su casi dos docenas de excelentes trabajos constituye toda una introducción para aquellos que desconocen los alcances del maridaje entre teología y feminismo.
Autores varios, compilación de Virginia Azcuy
El lugar teológico de las mujeres es una compilación que brinda un amplio panorama sobre una cuestión que parecería paradójica en sus propios términos: teología y feminismo. Tal cuestión es detalladamente abordada en el ensayo introductorio que lleva el título de la obra, escrito con eficaz economía de medios y recursos por Virginia Raquel Azcuy.
El ensayo es un relevamiento del estado de las cosas y, a la vez, un programa de tareas a realizar en base a ubicar a las mujeres como lugar teológico, un "lugar" en diálogo con la experiencia latinoamericana (en la zona de la teología de la liberación, aunque no como fuente, sino como lugar desde el que se interpreta), desde la recuperación de la experiencia de las mujeres, y en especial, desde una "memoria narrativa en solidaridad." También el ensayo releva la cuestión del lugar teológico de las mujeres, es decir, el significado y el desafío de la "Iglesia de las mujeres" para las iglesias particulares. Un buen ejemplo de todo ello es dado por el texto mismo, dejémoslo hablar en sus propios términos:
"¿Qué decir de todo esto? Parece evidente que después de un largo proceso de "invisibilidad" de las mujeres en la historia, la recuperación de sus experiencias y sus voces es impostergable. También es cierto que la "irrupción" de las mujeres en las realidades seculares y en los ámbitos eclesiales, como emergencia de una nueva conciencia, constituye como fenómeno global "un nuevo lugar hermenéutico." Si se tiene en cuenta que el silencio y la ausencia de las mujeres tienen causas históricas e ideológicas, se puede comprender que la mayoría de las teologías hechas por mujeres, sobre todo las que emplean una hermenéutica feminista, tengan un talante "crítico" y empleen como instrumental las "teorías de género." Esto no quiere decir, naturalmente, que toda mujer que hace teología deba ser feminista, pero creo que estamos llamadas a conocer los movimientos históricos de las mujeres, con sus gestos de protesta y solidaridad, y a comprometernos con el destino sufriente de las mujeres desde una teología que, sin dejar de ser inclusiva, sea a la vez profética y liberadora." (pág. 21)
Para Azcuy, un ejemplo de biografía teológica de dos mujeres estaría dada por la escena bíblica del Magnificat (el primer canto de alabanza de la era cristiana, recitado por la Virgen María al visitar a su prima Isabel), lo que también sería un ejemplo de “memoria narrativa solidaria”. Memoria agradecida por las grandes cosas hechas por Dios, narración profética que anuncia la victoria de los humildes y de las mujeres silenciadas y olvidadas, solidaridad femenina inauguradora de un nuevo espacio teológico, inclusivo también de “ellos.” En palabras de Azcuy:
“La teología mariana es la “irrupción” sencilla y la “visibilidad” consoladora que despierta el gozo de las mujeres: palabra, experiencia, biografía, oración. María e Isabel encontrándose, son el rostro de la mutualidad y el canto de la vida que se gesta en las entrañas. Ellas son, junto a muchas otras, “amigas de Dios y profetas”, sabias compañeras de camino.”
Si de tal riqueza e innovación es la propuesta de Azcuy –de la que sólo hemos dado un pálido reflejo- cabe imaginar que la sucesión de ensayos que nos esperan tras su introducción la ilustran de diversa manera y con colores variados. El estudio de Mercedes García Bachman nos informa sobre cómo el análisis de género ha influenciado las ciencias bíblicas, con ejemplos prácticos sobre pasajes bíblicos y utilizando el instrumental de otras disciplinas como la retórica literaria, las ciencias sociales y la hermenéutica. Una revisión del modo de interpretar y hablar sobre María es lo que ofrece “Reencontrar a María como modelo. Interpelación feminista a la mariología actual”, de Virginia Raquel Azcuy, donde se recupera a María como “amiga de Dios y profeta”, a modo de paradigma eclesiológico inclusivo. Por su parte, Lucio Florio en “Hacia una biografía de lo femenino. “El pensamiento de Julián Marías sobre la mujer” analiza detalladamente los aspectos atractivos que surgen de la reflexión del autor español para una teología de lo femenino que no eludan la cuestión del “humanismo femenino.”
Como puede observarse, esta publicación –un número de la publicación Proyecto, del Centro de Estudios Salesiano de Buenos Aires– con su casi dos docenas de excelentes trabajos constituye toda una introducción para aquellos que desconocen los alcances del maridaje entre teología y feminismo.
Reseña
"ARTE MENOR", de Betina González - Premio Clarín Alfaguara
La novela ganadora del reciente premio Clarín termina constituyéndose como una elogiable búsqueda del lazo primal que genera y sostiene la identidad de todo ser humano, la relación con sus padres. En este caso, la del padre, un escultor de fama esóterica llamado Fabio Gemelli.
Claudia, una treintañera agotada por un trabajo insalubre y temerosa de enfrentar un matrimonio reciente, sale a la búsqueda de las distintas imágenes de su padre que construyen las relaciones que estableció ese hombre elusivo con tres mujeres mientras aún estaba casado con su madre. ¿Cuál es la motivación? Claudia siente que la ausencia del padre revela "una ausencia de su propia historia."
Con agudeza, la joven escritora Betina González, -egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UBA, donde también oficiara como docente e investigadora-, presenta las voces de esas mujeres (una de ellas mediada por un oficioso acto de travestismo que no hace más que alejar toda posibilidad de certezas) que no sólo fueron seducidas por ese hombre sino que, transcurridos más de 20 años de su muerte, siguen reaccionando ante esa seducción.
Se encuentran los ecos de Puig en esta presentación de las voces -aunque siempre medie la narradora- pero las resonancias mayores son las de Marco Denevi, ya que la mirada caricaturesca tiene mucho de la que burilara Rosaura a las Diez. De hecho, la narradora configura un mapa estableciendo puntos de referencia que la acercan a Julio Cortázar -son constantes las menciones a Rayuela, uno de los libros que heredó de su padre, tachonado por las marcas de lectura de una de sus amantes- pero la mirada en torno a los personajes, la agilidad del relato y la liviana ironía la acercan repito más a Denevi.
¿Y qué se puede decir del propio Gemelli? El rompecabezas que se va armando -puntuado por el suspenso- lo revela como un artista de la vida, alguien capaz de ofrecerle al otro la imagen que mejor le cuadra en ese momento. Mediocre productor de hechos artísticos -esculturas de mujeres desnudas rodeadas de manzanas, burdas metáforas de la tentación bíblica- ha dejado huella en aquellos que transitó, al menos la suficiente como para generar y pregnar todo el discurso.
A lo largo del relato, y de los años en la Argentina, hay quienes lo ven como un albañil o un subversivo, un maestro o compañero de viaje afectivo con limitaciones, promesa en ciernes o criminal de poca monta. Lo cierto es que el efecto que perdura es el de un hombre seductor, atractivo físicamente, muy hábil con las palabras, y que ha hecho de su cuerpo -por su atractivo, por su voz- un arma de seducción. Un hombre eternamente inmaduro, incapaz de llevar adelante un matrimonio y la crianza de unas hijas con la responsabilidades que conllevan. Un hombre incapaz también de ofrecer un sostén emocional para esas hijas que se crían con los manotazos de ahogado que una mujer sola puede dar ante la adversidad.
Hay entre tanta ironía mucha tristeza en Arte Menor. Claudia es el fruto de una relación sin amor -su padre fue obligado a casarse con su madre al dejarla embarazada- y Fabio utiliza el hogar como una especie de “aguantadero”, un espacio de referencia en el que siempre encuentra un plato de comida disponible -por más que deteste lo que le prepara su mujer- y una almohada donde hacer reposar su cabeza algo hueca.
Finalmente, deja a esposa e hijas a la deriva, a la espera de un cheque o de un llamado teléfonico que nunca llegan o nunca sabe cómo figurar. No hay afecto verdadero en él, no existe el compromiso emocional. Es un hombre inútil, que en su transcurrir ha dejado en la indefención emocional a aquellos que no fueron lo suficientemente capaces de protegerse.
Claudia es un ejemplo de ello; por lo tanto, y no por lo variopinto de los testimonios que va recogiendo la novela, su búsqueda es -en un punto- una quimera. Lo único que le queda es aferrarse al producto de su padre, aquello que ha quedado oculto a la mirada, una profunda imbricación madre e hijo localizada en una escultura que alguna vez vendiera a un municipio de provincias. ¿Imbricación que nunca logró, que deseó y no halló? Betina González deja la cuestión sin responder.
El contacto de la hija con la obra de su padre es lo único real (un padre que escamoteó su afecto, y por ende su cuerpo) y lo que lleva a Claudia a mostrarse tal cual es: un ser sufriente que llora la pérdida de un padre que no pudo ser, abierta y expuesta en su vulnerabilidad al descubrir el triste secreto que anidaba tras la imagen del progenitor.
Si el sabor que nos deja es agridulce, la escritura es ágil y la lectura placentera. Como puede verse, hay mucho para descubrir en esta agradable sorpresa novelesca.
¡Bienvenida Betina González a las letras argentinas!
La novela ganadora del reciente premio Clarín termina constituyéndose como una elogiable búsqueda del lazo primal que genera y sostiene la identidad de todo ser humano, la relación con sus padres. En este caso, la del padre, un escultor de fama esóterica llamado Fabio Gemelli.
Claudia, una treintañera agotada por un trabajo insalubre y temerosa de enfrentar un matrimonio reciente, sale a la búsqueda de las distintas imágenes de su padre que construyen las relaciones que estableció ese hombre elusivo con tres mujeres mientras aún estaba casado con su madre. ¿Cuál es la motivación? Claudia siente que la ausencia del padre revela "una ausencia de su propia historia."
Con agudeza, la joven escritora Betina González, -egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UBA, donde también oficiara como docente e investigadora-, presenta las voces de esas mujeres (una de ellas mediada por un oficioso acto de travestismo que no hace más que alejar toda posibilidad de certezas) que no sólo fueron seducidas por ese hombre sino que, transcurridos más de 20 años de su muerte, siguen reaccionando ante esa seducción.
Se encuentran los ecos de Puig en esta presentación de las voces -aunque siempre medie la narradora- pero las resonancias mayores son las de Marco Denevi, ya que la mirada caricaturesca tiene mucho de la que burilara Rosaura a las Diez. De hecho, la narradora configura un mapa estableciendo puntos de referencia que la acercan a Julio Cortázar -son constantes las menciones a Rayuela, uno de los libros que heredó de su padre, tachonado por las marcas de lectura de una de sus amantes- pero la mirada en torno a los personajes, la agilidad del relato y la liviana ironía la acercan repito más a Denevi.
¿Y qué se puede decir del propio Gemelli? El rompecabezas que se va armando -puntuado por el suspenso- lo revela como un artista de la vida, alguien capaz de ofrecerle al otro la imagen que mejor le cuadra en ese momento. Mediocre productor de hechos artísticos -esculturas de mujeres desnudas rodeadas de manzanas, burdas metáforas de la tentación bíblica- ha dejado huella en aquellos que transitó, al menos la suficiente como para generar y pregnar todo el discurso.
A lo largo del relato, y de los años en la Argentina, hay quienes lo ven como un albañil o un subversivo, un maestro o compañero de viaje afectivo con limitaciones, promesa en ciernes o criminal de poca monta. Lo cierto es que el efecto que perdura es el de un hombre seductor, atractivo físicamente, muy hábil con las palabras, y que ha hecho de su cuerpo -por su atractivo, por su voz- un arma de seducción. Un hombre eternamente inmaduro, incapaz de llevar adelante un matrimonio y la crianza de unas hijas con la responsabilidades que conllevan. Un hombre incapaz también de ofrecer un sostén emocional para esas hijas que se crían con los manotazos de ahogado que una mujer sola puede dar ante la adversidad.
Hay entre tanta ironía mucha tristeza en Arte Menor. Claudia es el fruto de una relación sin amor -su padre fue obligado a casarse con su madre al dejarla embarazada- y Fabio utiliza el hogar como una especie de “aguantadero”, un espacio de referencia en el que siempre encuentra un plato de comida disponible -por más que deteste lo que le prepara su mujer- y una almohada donde hacer reposar su cabeza algo hueca.
Finalmente, deja a esposa e hijas a la deriva, a la espera de un cheque o de un llamado teléfonico que nunca llegan o nunca sabe cómo figurar. No hay afecto verdadero en él, no existe el compromiso emocional. Es un hombre inútil, que en su transcurrir ha dejado en la indefención emocional a aquellos que no fueron lo suficientemente capaces de protegerse.
Claudia es un ejemplo de ello; por lo tanto, y no por lo variopinto de los testimonios que va recogiendo la novela, su búsqueda es -en un punto- una quimera. Lo único que le queda es aferrarse al producto de su padre, aquello que ha quedado oculto a la mirada, una profunda imbricación madre e hijo localizada en una escultura que alguna vez vendiera a un municipio de provincias. ¿Imbricación que nunca logró, que deseó y no halló? Betina González deja la cuestión sin responder.
El contacto de la hija con la obra de su padre es lo único real (un padre que escamoteó su afecto, y por ende su cuerpo) y lo que lleva a Claudia a mostrarse tal cual es: un ser sufriente que llora la pérdida de un padre que no pudo ser, abierta y expuesta en su vulnerabilidad al descubrir el triste secreto que anidaba tras la imagen del progenitor.
Si el sabor que nos deja es agridulce, la escritura es ágil y la lectura placentera. Como puede verse, hay mucho para descubrir en esta agradable sorpresa novelesca.
¡Bienvenida Betina González a las letras argentinas!
Comentario
“LA CARCEL, Instrumento de un sistema falaz. Un Intento Humanizante”
por Víctor Hugo Mamaní Gareca
Buenos Aires, Grupo Editorial Lumen, 2006. 200 pag.
“...criar a un animal al que le sea lícito hacer promesas...”
F. Nietszche La Genealogía de la Moral
Lejos de ser un tratado sobre la pena privativa de la libertad, ni mucho menos ingresar en el debate teórico sobre sus fines y justificaciones, Víctor Hugo Mamaní Gareca (Oficial del Servicio Penitenciario Jujeño, Técnico Superior en Ciencias Penales y Licenciado en Trabajo Social), se ocupa en éste, su primer libro, de relatar una experiencia renovadora de las técnicas de abordaje penitenciario, proponiendo al mismo tiempo un giro hacia la humanización de las cárceles.
El enfoque de Mamaní parte del postulado paradojal de la “resocialización” o “readaptación social” del interno a través del castigo y la segregación; oxímoron con el que buena parte de los teóricos de la pena, y hasta nuestra legislación vigente, explica la potestad estatal de encarcelar personas. Si bien el autor, como adelantáramos en el inicio, no ingresa en la discusión de estos postulados, deja abiertos una serie de agudos interrogantes que ponen en cuestión la legitimidad habitual y el consenso sobre qué entendemos por Institución Carcelaria.
Se ocupa en cambio el autor de relatar su experiencia de tres años (octubre de 1995 – octubre 1998), al frente del Pabellón Nº 5, de la Unidad Penitenciaria Nº 1 del Servicio Penitenciario de Jujuy. Un proyecto de gestión humanitaria de la prisión, una serie de prácticas y técnicas destinadas a que los efectos despersonalizantes y de desocialización que provoca el encierro se vean de algún modo minimizados.
Tratar a las personas privadas de la libertad como lo que son, como personas; escucharlos, dialogar, intentar solucionar los problemas que los afectan y que dificultan la convivencia armónica dentro de la cárcel, lograr que la palabra y el respeto entre todos reemplacen la indiferencia y los garrotes, tal es el simple recurso que el autor postula como novedoso modelo de gestión.
Las diferentes fases del desarrollo del proyecto, los obstáculos y resistencias que desde diferentes ámbitos debieron ser superados, las etapas del abordaje y el marco teórico del que se nutrió la experiencia son expuestos de un modo minucioso y pormenorizado, con múltiples referencias y ejemplos relativos a la modalidad de gestión implementada.
Una serie de testimonios anónimos de personas privadas de libertad que vivenciaron las “novedosas” prácticas postuladas por Mamaní cierran el texto a modo de demostración de lo que la humanización de las prácticas penitenciarias es capaz de lograr.
Convertir a ese instrumento del dolor que llamamos cárceles en un ámbito en el que la vida pueda ser vivida con dignidad es el objetivo de Mamaní en este trabajo; convencer y convertir a sus colegas penitenciarios a este proyecto –que naturalmente, por romper con las prácticas de violencia burocratizada dentro de la prisión, genera más resistencias que adhesiones– es quizás el objetivo central del libro. Y seguramente es también el motivo por el cual este texto “menor”, “poco ambicioso” en su contenido teórico, quizás “ingenuo” en su construcción, se convierte en una obra necesaria, y hasta indispensable para entender muchas de las cosas que suceden en la Argentina del 2006, con una superpoblación de internos y con una crisis profunda en ese sentido.
Nuestras cárceles, la vida a la que sometemos a las personas privadas de libertad, deberían avergonzarnos, porque muestran la peor cara de lo que somos, porque nos exponen a nuestra malsana satisfacción y regodeo por el dolor ajeno; por eso quizás las mantenemos bien ocultas tras inmensos muros ciegos, lejanas de las ciudades y de la vista del ciudadano común.
Un proyecto como el de Mamaní y su grupo de trabajo debe, si no llenarnos de orgullo, al menos hacernos sentir reconfortados y reflexivos.
* * *
por Víctor Hugo Mamaní Gareca
Buenos Aires, Grupo Editorial Lumen, 2006. 200 pag.
“...criar a un animal al que le sea lícito hacer promesas...”
F. Nietszche La Genealogía de la Moral
Lejos de ser un tratado sobre la pena privativa de la libertad, ni mucho menos ingresar en el debate teórico sobre sus fines y justificaciones, Víctor Hugo Mamaní Gareca (Oficial del Servicio Penitenciario Jujeño, Técnico Superior en Ciencias Penales y Licenciado en Trabajo Social), se ocupa en éste, su primer libro, de relatar una experiencia renovadora de las técnicas de abordaje penitenciario, proponiendo al mismo tiempo un giro hacia la humanización de las cárceles.
El enfoque de Mamaní parte del postulado paradojal de la “resocialización” o “readaptación social” del interno a través del castigo y la segregación; oxímoron con el que buena parte de los teóricos de la pena, y hasta nuestra legislación vigente, explica la potestad estatal de encarcelar personas. Si bien el autor, como adelantáramos en el inicio, no ingresa en la discusión de estos postulados, deja abiertos una serie de agudos interrogantes que ponen en cuestión la legitimidad habitual y el consenso sobre qué entendemos por Institución Carcelaria.
Se ocupa en cambio el autor de relatar su experiencia de tres años (octubre de 1995 – octubre 1998), al frente del Pabellón Nº 5, de la Unidad Penitenciaria Nº 1 del Servicio Penitenciario de Jujuy. Un proyecto de gestión humanitaria de la prisión, una serie de prácticas y técnicas destinadas a que los efectos despersonalizantes y de desocialización que provoca el encierro se vean de algún modo minimizados.
Tratar a las personas privadas de la libertad como lo que son, como personas; escucharlos, dialogar, intentar solucionar los problemas que los afectan y que dificultan la convivencia armónica dentro de la cárcel, lograr que la palabra y el respeto entre todos reemplacen la indiferencia y los garrotes, tal es el simple recurso que el autor postula como novedoso modelo de gestión.
Las diferentes fases del desarrollo del proyecto, los obstáculos y resistencias que desde diferentes ámbitos debieron ser superados, las etapas del abordaje y el marco teórico del que se nutrió la experiencia son expuestos de un modo minucioso y pormenorizado, con múltiples referencias y ejemplos relativos a la modalidad de gestión implementada.
Una serie de testimonios anónimos de personas privadas de libertad que vivenciaron las “novedosas” prácticas postuladas por Mamaní cierran el texto a modo de demostración de lo que la humanización de las prácticas penitenciarias es capaz de lograr.
Convertir a ese instrumento del dolor que llamamos cárceles en un ámbito en el que la vida pueda ser vivida con dignidad es el objetivo de Mamaní en este trabajo; convencer y convertir a sus colegas penitenciarios a este proyecto –que naturalmente, por romper con las prácticas de violencia burocratizada dentro de la prisión, genera más resistencias que adhesiones– es quizás el objetivo central del libro. Y seguramente es también el motivo por el cual este texto “menor”, “poco ambicioso” en su contenido teórico, quizás “ingenuo” en su construcción, se convierte en una obra necesaria, y hasta indispensable para entender muchas de las cosas que suceden en la Argentina del 2006, con una superpoblación de internos y con una crisis profunda en ese sentido.
Nuestras cárceles, la vida a la que sometemos a las personas privadas de libertad, deberían avergonzarnos, porque muestran la peor cara de lo que somos, porque nos exponen a nuestra malsana satisfacción y regodeo por el dolor ajeno; por eso quizás las mantenemos bien ocultas tras inmensos muros ciegos, lejanas de las ciudades y de la vista del ciudadano común.
Un proyecto como el de Mamaní y su grupo de trabajo debe, si no llenarnos de orgullo, al menos hacernos sentir reconfortados y reflexivos.
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jueves, 22 de julio de 2010
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