martes, 27 de julio de 2010

Qué hay de nuevo, viejo!

TERRY EAGLETON
LAS ILUSIONES DEL POSMODERNISMO

Buenos Aires, Paidós, Espacios del Saber, 2004.


Terry Eagleton es uno de los más distinguidos críticos literarios y filósofos nacido en Inglaterra, en 1943. A los 21 años obtuvo su grado doctoral en el Trinity College, de Cambridge. Actualmente es profesor de Teoría Cultural en la Universidad de Oxford, tras haber pasado varios años enseñando e investigando para la Universidad de Manchester.

Eagleton tuvo como mentor al célebre crítico literario Raymond Williams, autor de Marxismo y Literatura, texto que todos recordaremos y que ha sido fundacional en muchos aspectos. Eagleton comenzó su carrera estudiando la literatura de los siglos XIX y XX en la línea de Williams, es decir, a través del tamiz de la teoría literaria marxista.

En este libro en especial, Terry Eagleton trata de desbrozar la paja del trigo en la pantanosa cuestión de lo que se ha llamado posmodernismo, reconociendo algunos aciertos de sus teóricos pero, mayormente, desde una perspectiva negativa de su objeto de estudio.

Desde un comienzo afirma que el término posmodernidad "alude a un período histórico específico", polemizando con aquellos que hablan del un fin de la historia. Habría para esto efectivas razones materiales: el surgimiento de un cambio histórico en Occidente hacia una nueva forma de capitalismo, "hacia el efímero, descentralizado mundo de la tecnología, el consumismo y la industria cultural, en el cual las industrias de servicios, finanzas e información triunfan sobre las manufacturas tradicionales, y las políticas clásicas basadas en las clases ceden su lugar a una difusa serie de ‘políticas de identidad´ ” (pág. 11 y 12).

La posmodernidad, entonces, sería un estilo de pensamiento que desconfía de las nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o de emancipación, de las estructuras aisladas, de los grandes relatos y de los sistemas definitivos de explicación.

En consecuencia, el posmodernismo se transforma en un destino cultural que refleja, con un estilo propio, algo de ese cambio de época en un arte sin profundidad, descentrado, sin fundamentos, autorreflexivo, juguetón, derivado, ecléctico, pluralista que rompe las fronteras entre cultura "alta" y cultura "popular" tanto como entre el arte y la experiencia cotidiana.

Por lo tanto, Eagleton hablará de "posmodernismo" para ocuparse de ambos conceptos, ya que los considera relacionados. Y deja en claro que lo suyo será un libro de ideas más que de análisis de obras de arte individuales. Se interesará más por la sensibilidad posmodernista como totalidad que por las ya consabidas formulaciones de la filosofía posmoderna. Acusará al posmodernismo de "tirotear" o caricaturizar las posiciones de sus oponentes, aunque reconoce que la perspectiva socialista desde la que mira pueda hallarse un poco debilitada: "parte del poder del posmodernismo es el hecho de que existe, mientras que considerar que existe el socialismo es más discutible...” (pág. 13).

En el capítulo dedicado a las ambivalencias del posmodernismo no deja de hacer notar que –pese a que todo hable en él de diferencia, pluralidad, heterogeneidad- la teoría posmoderna opera habitualmente con rígidas oposiciones binarias, con "diferencia", "pluralidad" y otros términos semejantes alineados orgullosamente en una parte de la cerca teórica como inequívocamente positivos, y cualesquiera que sean sus antítesis (unidad, identidad, totalidad, universalidad) como negativas (pág. 50).

Profundizando en la cuestión del fin de la historia, Eagleton sostiene que el posmodernismo no rechaza la historia sino la Historia –la idea de que existe una entidad llamada Historia poseída de un sentido inmanente y un propósito que se desarrolla secretamente a nuestro alrededor mientras hablamos. "Entonces hay algo paradójico en decretar el final de esta entidad, dado que al hacerlo se abraza la misma lógica que se rechaza".. (pág. 56).

En el muy breve capítulo dedicado a las contradicciones del posmodernismo, Eagleton discute la idea del pensamiento posmoderno del fin-de-la historia que nos augura un futuro no muy diferente al presente. "Pero hay un futuro posible entre otros, y su nombre es fascismo." (Pág. 198)... Y ve que la gran prueba política del posmodernismo radica en cómo zafar de esto, ya que su relativismo moral y su convencionalismo moral, su escepticismo, pragmatismo y localismo, su disgusto por las ideas de solidaridad y organización disciplinada, su falta de una teoría adecuada de la participación política pesan fuertemente contra él. Y pueden llegar a pesar mucho más que todo el cuerpo de obras que ha dado a luz sobre racismo y etniticidad, sobre la paranoia del pensamiento idéntico, sobre los peligros del totalitarismo y el temor a la otredad; todo esto muy valorable, al igual que sus profundizaciones sobre las maniobras del poder.

Como se desprende de todo lo que hemos dicho, Las Ilusiones del posmodernismo es un libro de lectura un tanto exigente, es un gran libro, que demanda del lector un cierto capital simbólico, pero que es absolutamente necesario para el debate de aquellos más curiosos y de todo estudiante e intelectual que desee estar al tanto de las posturas del pensamiento contemporáneo.

1 comentario:

  1. Terminé ayer el vislumbre de un libro de Ricardo Maliandi: "Dejar la posmodernidad". Árido en algunos tramos, pero correcto en su forma y en su fondo, es un alegato en contra de la filosofía del posmodernismo y de sus más podridas consecuencias: el relativismo ético y el irracionalismo. Mucho daño le ha hecho al mundo del pensamiento esta forma de encarar la realidad que no se decide a pasar de moda, y por eso apoyo incondicionalmente la solicitud de Maliandi. Descartes, Rousseau, La Mettrie y compañía deben de estar revolviéndose en sus tumbas si es que pueden contemplar la endeblez gnoseológica que sus coterráneos han evidenciado en el pasado siglo XX

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